En 1812 la revolución iniciada en Buenos Aires dos años antes estaba en peligro en el norte. Tras la derrota de Huaqui, el Ejército del Norte se había replegado desmoralizado y casi sin armas. Belgrano asumió su mando ese año, instaló su cuartel general en San Salvador de Jujuy y se dedicó a reorganizarlo. El 25 de mayo hizo bendecir la bandera celeste y blanca en la iglesia matriz de la ciudad, la actual catedral.
Mientras tanto, un ejército realista de unos 3.000 hombres al mando del general Pío Tristán avanzaba desde el Alto Perú. El gobierno de Buenos Aires, el Primer Triunvirato, le ordenó a Belgrano retroceder hasta Córdoba y no dejarle al enemigo nada que le sirviera. El 29 de julio de 1812 Belgrano firmó en Jujuy un bando dirigido a los pueblos de la provincia. Algunas de sus órdenes, tal como figuran en el texto que reproduce el Gobierno nacional:
- A los hacendados: sacar el ganado vacuno, caballar, mular y lanar de sus estancias hacia Tucumán.
- A los labradores: asegurar las cosechas llevándolas al mismo destino.
- A los comerciantes: empacar sus mercaderías y enviarlas; lo que quedara sería quemado.
- A todos: quien no estuviera listo para marchar a la primera orden sería tenido por traidor a la patria.
Las penas eran durísimas, incluido el fusilamiento, y la medida exigió un sacrificio enorme a la población.










