Manka significa olla en quechua, y la cerámica es la gran protagonista del encuentro. Según la Municipalidad de La Quiaca, la feria tiene orígenes anteriores a la llegada de los incas a la región, en el siglo XV, y es uno de los circuitos de intercambio que todavía conectan el norte jujeño con el sur boliviano.
El Ministerio de Cultura de la Nación la incluyó en 2019 entre las manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial de Jujuy, a propuesta de la Dirección Provincial de Patrimonio. La describe como uno de los encuentros más antiguos de la Puna: durante varios días, cientos de feriantes de toda la provincia y del sur de Bolivia practican el trueque para conseguir lo que no producen en su tierra. Además de trocar, también se puede comprar. La provincia, por su parte, la reconoce como Patrimonio Cultural Vivo.
Con el tiempo la fiesta cambió. Donde antes el intercambio era una forma de subsistencia, hoy se mezcla con música, gastronomía, deporte y homenajes. Pero el trueque, que los feriantes llaman cambio o cambalache, sigue en pie.









